La lentitud en el despliegue de este gesto es proporcional a nuestra ignorancia sobre el asunto del que acabamos de tener una revelación (o el detalle que oportunamente nos aclararon). Más vale tarde que nunca.
Con la boca muy abierta y diciendo un largo “ Ahhh...”, los ojos redondos y las cejas levantadas, se echa muy lentamente la cabeza hacia atrás.